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Lunes, 03 Marzo 2014 13:40

La Violencia como Moda 505

Escrito por  Por: Sociólogo J. Guillermo Monroy
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En nuestros días se habla mucho de la violencia y la no-violencia, de maltrato, tolerancia y de paz. Esta palabra encabeza los periódicos, regularmente son las primeras noticias en televisión, la encontramos en todos los pasillos de las escuelas en las calles de las ciudades en los pueblos, en los hogares, en las instituciones, en fin, en todos los rincones de las diferentes sociedades; se ha convertido en una práctica social común por parte de la comunidad actual.

Es un matiz negativo que irrumpe en el devenir humano. En este artículo no pretendo desarrollar un una idea histórica para comprender los orígenes y la evolución que este fenómeno ha tenido a lo largo de cientos de años; más bien, es un esbozo de como la violencia la hemos adoptado ya como algo cotidiano, una práctica que es –al parecer- de lo más común y normal en las últimas décadas que estamos viviendo. Pero no ha sido siempre así, se ha visto incrementado por la conciencia, cada vez más extendida, de que, casi siempre, se descarga sobre víctimas inocentes: acosados en las escuelas, maltratadas por sus maridos, víctimas de las guerras que mantienen los políticos, niños indefensos, mujeres sometidas a costumbres culturales vejatorias, hombres sin recursos, pueblos indefensos... y muchos otros casos más. Todas esas víctimas soportan resignadamente la locura fratricida que los hombres ejercen los unos sobre los otros. ¿Pero qué es lo que pasó? Pues a principios de los años ochenta recién se produjo la hecatombe de la violencia, en los libros, enciclopedias, diccionarios y demás fuentes informativas y de consulta se disparó la información relacionada con los actos violentos en todo el mundo. Hoy en día en cualquiera de los medios –que tenemos muchos- las notas relevantes son la violencia; las notas o noticias referentes a otros fenómenos sociales, eventos y demás no son del agrado de la sociedad, en cambio, sí se habla de los heridos que hubo en un conato de bronca en un partido de futbol, la pelea de alumnos en una escuela, la guerra en medio oriente, la balacera en Michoacán, eso es atractivo, es llamativo, es lo de hoy; la violencia es por tanto, una moda.

Hay que entender que este fenómeno tiene una multiplicidad de enfoques que la complejidad del tema exige para su tratamiento. Es una cuestión individual, determinada por impulsos y actitudes social y culturalmente condicionados, lo que por consecuencia se convierte en violencia colectiva. Así, podemos abordarlo desde diferentes perspectivas, ya sea desde la psicología, antropología pero sobre todo de la sociología. Por tanto, la violencia es un fenómeno que esta determinado por la estructura social, tanto como por la dinámica de las relaciones sociales, como por una estructura social desigual e inequitativa, de esta forma, es una perspectiva socio-económica como socio-política, concluyendo que posesión y poder son dos de los elementos determinantes que juegan dentro de las acciones en el individuo.

Paradójicamente, para comprender la violencia hay una especie de resistencia a enfrentarse a ella sin prejuicios o armazones ideológicos, no se sabe bien si por su omnipresencia, por su obviedad o porque se intenta alejarla rápidamente de nuestra vida cotidiana. Lo que realmente se pretende es expulsarla, quitarla, alejarla de nosotros, sus efectos contaminantes nos producen pánico. Nos la queremos quitar de encima como si se tratase de una brasa sobre las manos, pero no tenemos éxito, pareciera un virus que se expande velozmente porque las formas que empleamos para sacudírnosla la infectan aún más, violentamos cada vez más, tal es el caso de la sociedad mexicana plagada de actos corruptos e impunes. Creo todos por sentido común sabemos que el fuego no se apaga con fuego. Así, puedo culminar reiterando la pregunta formulada anteriormente, ¿qué es lo que pasó? que de pronto en las últimas dos décadas pareciera que el mundo se violentó drásticamente, o será que ¿hasta esta época actual nos hemos preocupado por nuestra integridad? Pero como escribí anteriormente, las formas para resolver el fenómeno de la violencia siguen siendo cada vez más violentas.                                                                                         

 

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