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Lunes, 15 Junio 2015 11:38

ALGO SOBRE EDUCACIÓN EDICIÓN 572

Escrito por  Profr. J. Jesús González Mancilla.
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Después de las campañas electorales y de las elecciones del 7 de junio y de una veda electoral autoimpuesta, regreso a este medio de información regional con la única finalidad de comentar para ustedes algunos aspectos, que bajo una percepción muy personal, son de interés educativo.

 

Por un lado la sorpresiva decisión de la SEP de cancelar de manera indefinida la evaluación a los docentes, la reacción de organizaciones como “Mexicanos Primero” exigiendo cumplir lo mandatado por la ley secundaria de la reforma educativa, la ley del servicio profesional docente (LSPD); pasando las elecciones y después de recibir el aval de los electores que le otorgaron al PRI y susincondicionales aliados, PVEM y PANAL, la mayoría simple y junto con el PAN la mayoría absoluta, en la Cámara de Diputados, nuevamente la sorpresiva decisión de “siempre si” a la evaluación de los docentes; porque si bien en Querétaro el PRI fue derrotado aplastantemente por su similar del PAN, finalmente el espíritu reformista de ambos es coincidente y es seguro que en el Congreso se unan para seguir privatizando lo poco que queda por privatizar, y las reformas, en este caso la educativa, sigan adelante, sin tener vuelta de hoja.

Pero, ¿por qué si la evaluación de los docentes está mandatada en la LSPD ésta no se aplica por igual?, porque estoy seguro que en Oaxaca, Michoacán, Guerrero, o hasta en Chiapas y Baja California Sur, no se va a aplicar, ¿puede más el magisterio disidente que la misma autoridad local o federal?, tal parece que sí y en los demás estados donde nuestros líderes sindicales estaban más preocupados por traer los votos para su partido, el PANAL, o para sus coaliciones con el PRI, que por atender las problemáticas del magisterio, la evaluación se acepta como algo predeterminado y no sujeta a discusión; y más en estados (casi todos) donde se optó por avalar el espíritu reformista de los futuros diputados del PRI, PAN, PVEM y PANAL. Diría un compañero profesor “de que nos quejamos, si nosotros mismos ponemos a quienes al final aprueban las leyes que nos afectan y después queremos protestar, pero cuando se trata de elegir a nuestros representantes, votamos por los mismos de siempre”; así que esperemos otros tres años de golpes al magisterio, principalmente al que se atreve a protestar y disentir de lo que la mayoría acepta como establecido.

Porque si bien los medios de comunicación se han encargado de mostrar a la sociedad que los violentos que querían boicotear las elecciones eran los miembros de la CNTE y que a su pesar éstas fueron un éxito, se tendría que reconocer que para ello se requirió militarizar Oaxaca y Guerrero, y que a pesar de la publicidad y el alto costo del proceso electoral, casi 22 mil millones de pesos, la participación ciudadana fue escasamente el 50% de los 83.5 millones de los que integran el padrón electoral y que la mayoría legislativa la otorgan no más de 16 millones de electores. En pocas palabras, no se puede hablar de que la mayoría de los mexicanos avalan las reformas de Peña Nieto y los partidos que lo apoyan (PRI, PAN, PRD, PVEM, PANAL y a partir de esta legislatura, Encuentro Social), simplemente porque la mayoría se abstiene de votar o anula su voto. Bien lo dice José Antonio Crespo (Proceso 2014, p. 15) “se pueden identificar tres niveles de descontento en el pasado proceso electoral: primero, el descontento contra el gobierno actual que se traduce en votos en contra del PRI, el segundo nivel se da contra el régimen partidocrático, pero aceptando aún el sistema electoral, manifestándose a través del voto nulo; y un tercer nivel sería el descontento con todo el sistema de partidos y electoral, lo que se refleja con la abstención”, el mismo politólogo expresa: “… la pluralidad en México no se ha traducido en democracia. Durante muchos años luchamos por la pluralidad como sinónimo de la democracia… sin pluralidad no hay democracia, pero la pluralidad no garantiza la democracia, hasta ahora lo que ha hecho la pluralidad es democratizar la corrupción que se socializó en todos los partidos. Ya no es sólo el PRI”, ¿por qué cito lo anterior? Porque a unos días de las elecciones se sigue comentando sobre sus resultados, sobre las posibles “triquiñuelas” que los ganadores hicieron para serlo y lo que no les alcanzó a los perdedores, vivimos en un oligopolio partidista que si bien compiten por un puesto por otro lado defienden sus privilegios, aunque no coincidan con el interés ciudadano, les interesa su financiamiento público, sus prerrogativas, su fuero, su impunidad; el ciudadano elige, por ejemplo, a sus diputados, pero no tiene el derecho para exigirles cuentas, no puede revocar un mandato; al llegar al poder muchos se olvidan de sus promesas y se conducen siguiendo directrices marcadas por el interés de permanecer en esa élite política por el mayor tiempo posible.

¿Dónde quedan los maestros en toda esta maraña política?, algunos aspiran a ocupar algún puesto político, diría mi compadre “aunque sea de regidor”, a ganar en tres años lo que difícilmente haría en 30 años de servicio como docente, muchos se constituyen en promotores del voto para tal o cual partido, los más muestran una marcada apatía a todo lo que huele a política.  Es más, sólo pocos, muy pocos, y tal vez muy lejos de nosotros, deciden confrontarse con ese sistema partidocrático corrompido hasta la médula.  La mayoría, aquí  estamos lamentando la derrota de algunos o festejando el triunfo de otros, aunque esa derrota o ese triunfo de poco o nada nos sirve como gremio.  Hasta la próxima.  Comentarios y sugerencias a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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