:: Voz de la Sierra ::

Mon12112017

 

  

Domingo, 09 Marzo 2014 18:27

Desapariciones Comprobadas 506

Escrito por  Por: Agustin Escobar Ledesma
Valora este artículo
(0 votos)

Comparte este Articulo

Submit to DeliciousSubmit to DiggSubmit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to StumbleuponSubmit to TechnoratiSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn

Agustín Escobar Ledesma

“La última vez que vi a mi hijo fue el domingo 25 de noviembre de 2012 —relata angustiada la señora Beatriz Gutiérrez Ugalde—, él había llegado el viernes. Aquí estuvo el sábado y el domingo tempranito se regresó a Fresnillo, después ya no supe nada de él”.

 

La señora Gutiérrez vive en El Zamorano, una miserable comunidad abandonada a su suerte, perteneciente al municipio de Colón, en cuyos callejones las tolvaneras levantan densas nubes de polvo, polvo que se filtra por los intersticios de las casas pintarrajeadas con belicosas consignas de Antorcha Campesina y otras de corte religioso.

En este sitio, la abundante pobreza extiende invitaciones a todos los habitantes de El Zamorano para que salgan en busca de la vida; por esa razón los lunes les tiene reservados pasajes en autobuses de segunda que zarpan a las cinco de la mañana, repletos de gente que se dirige a la ciudad de Querétaro, para trabajar en la construcción y en el servicio doméstico; también hay quienes se aventuran a Ciudad de México y a Estados Unidos. Aunque sea mal pagado, los jóvenes solo encuentran trabajo fuera de su comunidad y, como dicen los lugareños “pior es nada”.

Un soldado en cada hijo te dio…

Guadalupe Reyes Baltazar Gutiérrez, hijo de la señora Gutiérrez Ugalde, apenas cumplió la mayoría de edad se enlistó en las filas del ejército mexicano; tenía 23 años al momento de su desaparición, era soldado de infantería con matrícula C-9947007 y cada quince días regresaba a su comunidad para visitar a sus tres hermanos y a su madre; sin embargo, después de cinco años en la institución castrense, desapareció el 30 de noviembre de 2012 en Fresnillo, Zacatecas.

En aquella fecha, además de Baltazar Gutiérrez, también desaparecieron otros tres de sus compañeros del 97º Batallón de Infantería acantonado en Fresnillo, Zacatecas. Uno de ellos era Juan Manuel Martínez Jaime, también de El Zamorano, de 22 años de edad y soltero. Los otros dos soldados eran Julio César Gutiérrez Hernández, quien vivía en la ciudad de Querétaro y Mariano Sánchez Salazar, oriundo del estado de Veracruz.

Patria, patria, tus hijos…

La crispación de la señora Beatriz (cuyo nombre, qué paradoja, proveniente del latín, significa la bienaventurada) la lleva por interrogantes atravesadas por el llanto, la impotencia, la angustia, el dolor y, sobre todo, el miedo, mucho miedo, por el documento que el ejército mexicano le hizo llegar, en junio de 2013, para informarle oficialmente de la desaparición del ser de sus entrañas: “Motivo de la baja o suspensión de los sueldos y haberes: oficina o corporación UEP 11/a ZM y anexas Guadalupe, Zacatecas por causar baja del 97/o BTN. INF. (Fresnillo, Zac) y de este instituto armado, por desaparición, comprobada, según of. No. SA-B17D-11557, de fecha 6 jun. 2013, girado por la Dirección General de Infantería”.

“¿Qué es eso de desaparición comprobada, qué comprobaron? —gime interrogante la señora Gutiérrez Ugalde—, el 2 de diciembre de 2012 recibí una llamada de una persona que dijo ser el cabo Juan García quien me preguntó que si mi hijo se encontraba aquí conmigo y también dio a entender que mi hijo era un desertor. Yo le dije que no y hasta el día de hoy no sé nada de mi Guadalupe. El cabo no dijo de dónde me llamaba pero me imaginé que era del batallón de Fresnillo, Zacatecas en el que estaba mi hijo”.

El caso de Juan Manuel

Juan Manuel Martínez Jaime, quien tenía 22 años de edad al momento de su desaparición, también es de El Zamorano, una ex hacienda del siglo XVIII cuya extensión territorial, en 1934, pasó a formar parte ejidal de 54 familias, cada una con 55 hectáreas de tierras flacas, de temporal, en las que los lugareños cultivan maíz, frijol y garbanzo de autoconsumo. La comunidad está rodeada por los cerros El Guapuringo, Las Rosas Blancas, El Mexicano y el de la Gallina, antiguo enclave cristero.

Juan Manuel, al igual que Guadalupe Reyes, ante las miserables condiciones de su comunidad, se enlistó en el ejército mexicano en el año de 2010; su atribulado padre, Pascasio Martínez Ochoa, no atina a entender cómo fue que desapareció su vástago.

Pascasio vive en una choza invadida por la tristeza y la pobreza; uno de los cuartos, cubierto con láminas de cinc, tiene una tilma que hace las veces de puerta y de cortina; en el terregoso patio está una jaula con un par de gallos de pelea que cantan sin cesar, en tanto que una cerda flaca y gruñona se mueve de un lado a otro en un chiquero cubierto con una lona de campaña que dice “Peña Nieto Presidente”, su única protección ante los candentes rayos solares del Semidesierto queretano.

A la familia de Pascasio Martínez Ochoa, el ejército mexicano también le hizo llegar un oficio notificando la “desaparición comprobada” de Juan Manuel Martínez Jaime.

El gobernador

La señora Gutiérrez Ugalde no pierde la esperanza de dar con el paradero de su hijo y con tal propósito durante una gira de trabajo del gobernador de Querétaro, José Eduardo Calzada Rovirosa, le solicitó ayuda para buscar a los desaparecidos de El Zamorano. “Yo veo muy humano al gobernador, inmediatamente mandó al licenciado César Alcántara de Santiago para que nos ayudara en el caso; sin embargo, solo lo vimos dos veces, después quedó en regresar y nos quedamos esperándolo”.

¿Derechos humanos?

Beatriz Gutiérrez Ugalde no se resigna por la pérdida de su hijo y al mismo tiempo que lo encomienda a las divinidades, el 5 de diciembre de 2012, acudió a denunciar la desaparición en la agencia del Ministerio Público de Fresnillo, Zacatecas (averiguación previa 104/2012). Dos días después, el 7 de diciembre de 2012, acudió a la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro, lugar en el que fue atendida por un licenciado del que no recuerda el nombre, sin embargo, lo que no se le borra de la memoria, fue la actitud de indiferencia ante la angustia por la pérdida de su hijo y solo se limitó a proporcionarles el domicilio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en Ciudad de México para que denunciara el caso.

 

Visto 557 veces Modificado por última vez en Domingo, 09 Marzo 2014 18:28