Voz de la Sierra

Noticias en Querétaro

Durante décadas, Querétaro ha sido una historia de éxito. Miles de familias han llegado atraídas por el empleo, la seguridad relativa, la calidad de vida y una economía dinámica que ha colocado al estado entre los más competitivos del país.

 

Pero todo éxito trae consigo un nuevo desafío. Hoy, el principal reto de Querétaro ya no es crecer. Es cómo crecer sin perder aquello que lo hizo atractivo en primer lugar.

 

Cada año llegan decenas de miles de nuevos habitantes. Nuevos fraccionamientos aparecen donde antes había parcelas agrícolas. Se multiplican los vehículos en las vialidades, aumenta la demanda de agua potable y energía, crecen las presiones sobre el transporte público, los servicios de salud, la seguridad, la gestión de residuos y, de manera cada vez más evidente, la necesidad de nuevos espacios educativos. Desde preescolares y primarias hasta secundarias, preparatorias y universidades, el crecimiento poblacional exige inversiones permanentes en infraestructura educativa para evitar que la calidad de vida y las oportunidades de las nuevas generaciones se vean comprometidas.

 

Querétaro seguirá creciendo poblacionalmente, eso lo damos por sentado, proyectos coyunturales como el tren México Querétaro traerán grandes beneficios pero sin duda requiere acciones paralelas de una planeación adecuada de ese crecimiento.

 

La historia de muchas ciudades latinoamericanas demuestra que el crecimiento económico por sí solo no garantiza bienestar. Cuando el desarrollo urbano ocurre sin planeación suficiente, aparecen fenómenos que después resultan extraordinariamente costosos de corregir: congestionamientos permanentes, escasez de agua, expansión desordenada, asentamientos alejados de los centros de trabajo, deterioro ambiental y servicios públicos rebasados.

 

En otras palabras, el crecimiento sin planeación termina convirtiéndose en una factura que pagan las siguientes generaciones. Por ello resulta pertinente abrir una discusión de fondo: ¿debería Querétaro contar con un organismo constitucional autónomo especializado en planeación estratégica de largo plazo?

 

La idea no es nueva. Diversas entidades del país han buscado construir instituciones que permitan pensar más allá de los ciclos políticos de tres o seis años.

 

Uno de los casos más reconocidos es el del Área Metropolitana de Guadalajara, donde opera el Instituto Metropolitano de Planeación del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN). Aunque no posee autonomía constitucional, se ha convertido en un referente nacional por su capacidad técnica para coordinar políticas urbanas, movilidad, ordenamiento territorial y desarrollo metropolitano entre diversos municipios.

 

Su principal virtud es que la planeación no depende exclusivamente de la voluntad política de un solo ayuntamiento o de una sola administración.

 

Otro ejemplo relevante es el Instituto de Planeación, Estadística y Geografía del Estado de Guanajuato (IPLANEG). Durante años ha impulsado procesos de planeación estratégica de largo plazo, construyendo indicadores, escenarios prospectivos y mecanismos de evaluación que trascienden gobiernos específicos.

 

La lógica detrás de estas instituciones es sencilla: los problemas estructurales requieren horizontes de tiempo más amplios que los periodos electorales.

 

La infraestructura hidráulica se planea para décadas. Los sistemas de movilidad requieren inversiones que tardan años en consolidarse. Las reservas territoriales, los corredores industriales, la ubicación de nuevos hospitales, escuelas y preparatorias, las políticas ambientales y las estrategias de vivienda no pueden cambiar radicalmente cada vez que cambia una administración.

 

Querétaro enfrenta precisamente ese tipo de desafíos.

 

El tema del agua es quizá el ejemplo más evidente. La disponibilidad del recurso no depende únicamente de nuevas obras hidráulicas. También está relacionada con decisiones de uso de suelo, densidades urbanas, recarga de acuíferos, protección ambiental y localización de nuevos desarrollos habitacionales e industriales, entre otras.

 

Lo mismo ocurre con la movilidad. Construir más vialidades puede aliviar temporalmente la congestión, pero sin una visión integral de desarrollo urbano, transporte público y crecimiento poblacional, el problema suele reaparecer pocos años después.

 

Y sucede algo similar con la educación. Una escuela que hoy hace falta en una colonia recién desarrollada debió haber sido planeada varios años antes de que llegaran sus primeros habitantes. La planeación educativa, al igual que la hidráulica o la urbana, requiere anticiparse al crecimiento y no simplemente reaccionar cuando la demanda ya ha rebasado la capacidad instalada.

 

Por ello, la discusión sobre un organismo constitucional autónomo de planeación no debería entenderse como la creación de más burocracia.

 

Su propósito sería exactamente el contrario: generar continuidad institucional, producir información técnica confiable, evaluar políticas públicas y ofrecer una visión de largo plazo que sirva como brújula para gobiernos, legisladores, municipios, inversionistas y ciudadanos.

 

Un organismo de esta naturaleza no sustituiría las decisiones democráticas de los gobiernos electos. Tampoco gobernaría. Su función sería ayudar a que las decisiones públicas estén respaldadas por evidencia, indicadores y objetivos de largo plazo compartidos.

 

La planeación no elimina los problemas. Pero la ausencia de planeación casi siempre los agrava. Querétaro todavía tiene la ventaja de actuar antes de que muchos de esos desafíos se vuelvan inmanejables. La pregunta es si queremos seguir administrando el crecimiento año con año, o si estamos dispuestos a construir instituciones capaces de imaginar y preparar el Querétaro de los próximos treinta años.

 

Porque las grandes ciudades no fracasan por crecer. Fracasan cuando dejan de planear.

 

 

Arturo Maximiliano García P.

Diputado Locall (MORENA)