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Pesos, centavos y Max… Por Arturo Maximiliano

El pasado 5 de noviembre de 2025, la Corte Suprema de los Estados Unidos escuchó argumentos orales en un caso que, a primera vista, podría parecer ajeno al comercio con México. Pero en realidad, lo que está en juego importa mucho para nuestro país: los aranceles producto de lo que el presidente de Estados Unidos llamó el  “Liberation Day” Día de la Liberación, y otros gravámenes impuestos por el Ejecutivo de los EUA y cuya constitucionalidad ahora se revisa con lupa en la corte de aquél país.

Por Arturo Maximiliano

El origen es este: el presidente de EUA invocó una vieja ley, la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) de 1977 para sustentar y declarar una “emergencia económica” y establecer tarifas extraordinarias sobre importaciones de países como México, China y Canadá.

La pregunta central de la Corte: ¿El Ejecutivo tenía autoridad para imponer esos aranceles sin un mandato claro del Congreso? Y en segundo término: ¿Era constitucional delegar al Presidente una potestad tan profunda sobre política arancelaria?

Pero, ¿Por qué nos importa en México?

Porque esas tarifas afectan exportaciones mexicanas, la estabilidad del comercio norteamericano y, en última instancia, nuestra competitividad. Según reportes, algunos productos mexicanos están sujetos a aranceles de hasta 25 % bajo estas medidas.

Si la Corte concluye que estas acciones fueron ilegales, podrían quedar sin efecto o abrirse flancos de reclamación internacional. Pero si las ratifica, se legitima un nuevo modelo de aranceles ejecutivos que sacude el marco del tratado United States–Mexico–Canada Agreement (T-MEC), mismo que todo indica no sólo se revisará en el 2026, sino que se renegociará con todo lo que ello implica.

¿Qué posiciones mostraron los jueces de la corte?

Durante la audiencia, tanto magistrados tradicionalmente conservadores como liberales mostraron escepticismo ante la tesis gubernamental de que podía imponer aranceles sin la autorización del congreso:.

El Presidente del Tribunal, John Roberts, planteó que imponer tarifas masivas parece más un impuesto que una “regulación de importación”, lo que corresponde al Congreso.

El magistrado Neil Gorsuch preguntó si queda algo del principio de separación de poderes si el Presidente puede rediseñar la política arancelaria sin límite.

La magistrada Amy Barrett cuestionó por qué el Congreso no había expresado claramente su autorización si en realidad esperaba delegar semejante poder.

Y la magistrada Sonia Sotomayor advirtió sobre los efectos en la economía mundial: tarifas globales de esa magnitud requieren controles robustos.

La doctrina central que la Corte analiza exige que cuando un asunto es de “importancia económica o política profunda”, el Congreso debe otorgar autorización clara, no dejarla implícita.

¿Qué puede fallar la Corte y cómo impacta a México?

Existen dos grandes rutas:

Si la Corte decide que la ley de 1977 a la que se apegó no autoriza al Presidente a dictar tarifas de ese alcance, eso debilita la lógica de medidas unilaterales de EUA. Las exportaciones mexicanas podrían recuperar certidumbre.

Si la Corte avala la medida, la puerta queda abierta para que futuros Ejecutivos reconfiguren los aranceles sin pasar por el Congreso, lo que aumentaría el riesgo de arbitrariedad arancelaria, debilitando además la división de poderes.

Para México, eso significaría que nuestras cadenas de valor, nuestras exportaciones automotrices o agro-industriales podrían quedar más expuestas a decisiones presidenciales del norte. El T-MEC perdería parte de su fuerza si EUA puede cambiar tarifas unilateralmente.

Así entonces, la batalla jurídica de la Corte Suprema de los Estados Unidos no es solo “allá”. Es una de las piezas que redibujan el mapa del comercio global. Para México, representa tanto una amenaza como una oportunidad: si el equilibrio del poder arancelario se desplaza, habrá que reaccionar con estrategia diplomática, diversificación y vigilancia permanente.

Porque al final, cuando el martillo de los aranceles caiga, resonará no solo en Washington, sino también en México y el resto del mundo.